La importancia del acompañamiento de las figuras paterna y materna

4 08 2014

Vínculos estructurantes

Cada estímulo de parte de los padres genera una reacción en sus hijos. La psicología sostiene que las demostraciones de afecto pero también las exigencias y el depósito de confianza a medida que crecemos, delinean nuestra autoestima; mientras que la falta de atención obliga a la autosuficiencia y los maltratos engendran tanto el temor como la violencia. Es esa misma ciencia la que ha demostrado que la relación paterno-materno filial es fundamental en los primeros años para la posterior conformación de la personalidad y el desarrollo de cualquier persona.

En ese marco, en Inglaterra se abrió un debate que ya comienza a dar que hablar en todo el mundo. Es que en esa nación del Reino Unido impulsan un proyecto que busca modificar la legislación vigente en materia de abandono infantil y castigar con hasta 10 años de prisión a los progenitores que priven a sus hijos de amor y contención. La llamada `Ley Cenicienta´ convertiría en delito a la figura de `crueldad emocional´, junto al abuso físico o sexual, sobre la base de un cálculo que alarma: se calcula que 1,5 millón de chicos sufren este tipo de abandono afectivo en Gran Bretaña.

La Ley de Niños y Jóvenes británica tiene más de 80 años y algunas secciones datan de 1868. En Mexico, en cambio, la Ley de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes fue sancionada en 2005, pero no incluye ninguna sanción referida a lo afectivo.

En medio de la polémica, las opiniones respecto de penalizar la carencia afectiva difieren entre los profesionales, ya que muchos de ellos respaldarían una modificación semejante y otros aluden que `se cría como se fue criado´, por lo que sería complejo culpabilizar a los mayores que también se desarrollaron con carencias.

Lo cierto es que, pese a esas diferencias, todos los especialistas coinciden en la cuestión de fondo: el vínculo parental, sobre todo en los primeros años de vida, resulta determinante para el desarrollo de la personalidad e incluso influye en los logros y los fracasos. Cómo hacer, entonces, lo mejor posible el duro trabajo de ser padres, no sólo por el bien del hijo sino también de la sociedad, conformada por aquellos que traemos al mundo.

La importancia de los primeros vínculos. Aunque los profesionales sostienen que el amor `no es el único método para incentivar o estimular´ el desarrollo, aluden que el vínculo primitivo entre la madre y el bebé se basa en el apego, un lazo afectivo fuerte, perdurable y recíproco que se forja desde la etapa prenatal. A partir del nacimiento, es vital el afecto de los padres para acompañar el crecimiento.

`El amor, el cariño, no son suficientes o la única herramienta que existe para estimular un buen crecimiento, pero sí influyen en la seguridad que va adquiriendo el chico en función de que se vaya repitiendo este tipo de conductas en el ambiente, que lo ayudan a crecer como ser humano´, señala, Diana Rizzatto.

Y explica que, además de la entrega y la responsabilidad, la contención afectiva `influye también en la formación o no del autoestima´. `Eso va a repercutir en situaciones que están ligadas al futuro de una persona, a cómo se va a desarrollar frente a la vida o, por el contrario, puede explicar los errores de una persona, también por estas causas no atendidas´, sostiene.

Para Josefina Saiz de Finzi, psicoanalista especialista en niños, `es fundamental que los padres desarrollen una actitud amorosa, una manera de tratar al hijo que permita crear las condiciones para establecer una interrelación de apego seguro´. `Los padres deben ser continentes de las ansiedades propias del estado de inmadurez biológica y emocional del bebe´, sostiene.

Asimismo, explica que el vínculo de apego crece `en la medida en que las experiencias en el contacto diario son satisfechas´. Esto tiene que ver con una identificación de los padres con las necesidades del hijo, es decir, `una captación, una empatía y un desarrollo amoroso para comprender un estado tan inerme como es el de un bebé´.

Según indica, esta relación comienza con la madre durante la gestación: `Las fantasías de la madre, los estados de esperanza y todo lo que ella pone en ese bebé generará una relación que dará sus frutos cuando empiezan a verse y a contactarse emocionalmente´.

Desde ya, este proceso sienta las bases del desarrollo psíquico de la criatura. Saiz señala que, por ejemplo, `las situaciones de violencia del niño pueden aparecer a partir de la ausencia de los padres, buscando llamar su atención´.

De la misma manera, `la falta de seguridad de sentirse querido y valorado por los padres produce en el niño sentimientos débiles en su autoestima, desconfianza en conquistar personas a quien querer y desapego emocional´.

`El amor es básico para la estructura de una persona´, afirma, y explica que `un chico puede estar alimentado, higienizado y con sus necesidades básicas cubiertas, pero muere si no recibe amor´. `Está comprobado en los casos de marasmo, que aparece en niños con desnutrición o con déficit emocional en sus primeros años de vida´, advierte.

Valiente afirma que `si una madre amamanta a un hijo y ni siquiera lo mira, es nefasto´. `Hay una comunión entre las miradas del bebé y la madre, y eso va unificando´, asegura y resalta la importancia del `cariño y la atención´ en la construcción de la personalidad: `Si te dieron amor y fuiste deseado por las figuras primordiales, lo esperable es que seas amado por el mundo, pero si fuiste rechazado por esas figuras, no se puede esperar nada´.

`La hostilidad genera hostilidad, por eso tenemos muchos fenómenos de violencia y agresividad´, define y explica que `en los seres humanos hay pulsiones tanto eróticas -de amor- o tanáticas -de muerte-, que circulan y están siempre presentes, por eso depende de cuál predomine más´.

¿Criamos como fuimos criados? Lo más frecuente es que el modelo de crianza se repita de generación en generación, por cuestiones psíquicas e involuntarias. Sin embargo, también predomina la intención de no repetir, como padre, lo que provocó daños en la infancia.

`La forma en la que nos criaron tiene mucho que ver en cómo nosotros criamos a un niño´, afirma Saiz de Finzi y señala que los `patrones de conducta´ se repiten `sin que uno se dé cuenta´. `Una persona que sufrió alguna situación de carencia puede repetir el sufrimiento a otra persona sin ser consciente de ello´, menciona y también sostiene que, en muchos casos, “el niño tiene capacidades que hacen modificar la conducta de los padres, ya que si no, sería matemático´.

En este sentido, Valiente se refiere a la `Ley Cenicienta´ y opina que es `un poco absurda´. `Desconoce la estructura del ser humano, porque el amor no se da o se quita porque uno quiere, uno transmite amor si recibió amor´, argumenta.

Para ella, la propuesta `es bien intencionada´, pero desconoce al ser humano: `Los padres que en su niñez han sido despreciados o han sufrido, si no recibieron de ningún lado una cuota de amor, no pueden darlo, no se genera. Por eso sancionar a una víctima me parece desacertado´.

La opinión de la psicoanalista y psiquiatra Elsa Wolfberg al respecto es que `todas las políticas de Estado que estén destinadas a fortalecer esta primera etapa de la vida son positivas´. `Se trata de algo que está muy descuidado. Son muy pocos los países que han firmado convenios y leyes que dan derechos a terceros para que intervengan cuando existen maltratos´, indicó y consideró, de todas formas, que dicha ley sería insuficiente.

Según ella, tendría que haber `políticas proactivas para que los padres se capaciten para ser padres, ya que uno cría como fue criado y debe entender que un hijo es un nuevo ser que debe ser tomado como tal, de forma distinta, con necesidades distintas´.

Esta repetición de conducta por parte de los padres, para la pediatra y psicoanalista Felisa Lambersky de Widder genera un `círculo vicioso difícil de sobrellevar sin ayuda´. `Por eso es importante tenerse confianza y pensar que el amor es la mejor guía, que jamás los mimos o los abrazos están de más o malcrían al niño, al contrario´, asegura.

Los males de la sobreprotección. Como contracara de la ausencia y el abandono, el exceso de devoción y protección hacia el niño tampoco es del todo positivo para el desarrollo de la personalidad.

Tal como indica Wolfberg, la sobreprotección `inhibe la exploración, la libertad y que el niño se separe a medida que va teniendo herramientas suficientes para zambullirse en el mundo y afrontar nuevas situaciones´.

`Lo que sucede muchas veces es que el niño termina cuidando al adulto. Porque el adulto está tan pendiente del niño que, con tal de que el padre se serene, éste hace o deja de hacer cosas que necesitaría´, remarca la psicoanalista y define esto como `parentalidad invertida´, en la cual el chico termina reprimiendo ciertas conductas con tal de no perturbar al adulto.

De la misma manera, Valiente señala que la sobreprotección `no permite que el chico supere frustraciones, lo cual es sumamente necesario´ ya que, según remarca, el éxito no es más que `una serie de frustraciones superadas´. `Pero hay padres que se apropian de sus hijos e inconscientemente viven sus frustraciones a través de ellos´, indica.

Así, si bien no existe un método infalible para ser un `buen padre´, quizás sí ayude recordar que el acompañamiento de las figuras paterna y materna, atentas y responsables a las necesidades afectivas del niño, mejora el desarrollo de los primeros años y es relevante y determinante, a posteriori, en aquello en lo que nos transformamos, una vez adultos.

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