8 de MARZO 2012

8 03 2012

La liberacione de la mujer

Desde un punto de vista sociológico la evolución en el estatus de la mujer occidental representa una de las mayores mutaciones sociales de nuestro siglo. Dadas sus repercuciones sobre la estructura profunda de nuestra civilización, estos cambios poseen una trascendencia muy superior a las revoluciones económicas y sociales recientes.

Se tiene, sin emabrgo, una imagen bastante vaga del verdadero significado de esa evolución dentro de la condición femenina y más aún de sus características específicas en el caso del noreste de México.

Si muchos hombres, así como algunas instituciones se oponen a este progresos por principio ­temiendo ser afectados de alguna u otra forma­, todos los indicadores sociológicos nos muestran que el cambio es ineluctable.

Mas esto no implica que dicho proceso sea necesariamente idéntico al de los países anglosajones o europeos. Toda evolución se conforma con las condiciones de cada grupo social.

Nuestro objetivo, a lo largo de este estudio global de la condición femenina en el noreste de México, es proporcional lector una perspectiva del proceso de cambio en nuestra región, y enriquecerlo con algunos elementos de reflexión que le ayuden a mejorar su comprensión de este fenómeno social e histórico.

Que se esté a favor o en contra, la gente suele denominar el fenómeno con el nombre de liberación de la mujer. A partir de ese momento se le atribuyen cualidades o defectos, se le califica como libertinaje o como acto de justicia, generado a su alrededorun caos de ideas difíciles de comprender.

Conviene entonces distinguir tres formas de liberación de la mujer: la material, la sexual y la social.

La independencia material

La primera forma de liberación es de tipo económico, y se refiere a la incorporación de la mujer dentro de los procesos de producción urbanos contemporáneos. No queremos decir con esto que la mujer no haya participado anteriormente en la vida económica, sino que la evolución de la sociedad urbana iba relegando a actividades secundarias y mal remuneradas.

A este respecto, el cambio se da paralelo al desarrollo de las actividades de servicio y a la tecnificación de la industria, pues en esas circunstancias los obstáculos “naturales” que impedían a la mujer incorporarse a dichos sectores se van haciendo cada vez menos importantes. Tratándose de un trabajo estrictamente intilectual, la capacidad fisiolóigica de hombres y mujeres para desempeñarlo correctamente es idéntica.

Queda aún vencer los obstáculos “culturales” sobre la participación de la mujer al sector productivo y los problemas prácticos que eso acarrea.

Los primeros, como veremos en los artículos consagrados a analizar a la mujer del noreste frente al trabajo, siguen limitando su campo de operación.

En cuanto a los segundos -es decir, problemas tales como la falta de guarderías y de equipamiento de apoyo para la mujer que trabaja-, constituyen un impedimento al desarrollo profesional de las mujeres casadas con responsabilidad de una familia.

Ambos tipos de obstáculos representan, según la opinión de mujeres hoy día productivas y participativas dentro de nuestra sociedad, un reto que afrontar para el siglo XXI.

El poder de decidir

La segunda forma de liberación es de orden sexual. Se trata de uno de los aspectos más controvertidos del debate, pues en él se discuten problemas fundados en concepciones morales de origen religioso; siendo de hecho uno de los principales argumentos de quienes se oponen al proceso de cambio. Esto da al tema un caracter delicado, mas no podemos evitar el tratarlo tal y como se presenta.

Los tres tames principales en esta problemática son: la difusión de los métodos anticonceptivos seguros, la cuestión de las relaciones sexuales de la mujer antes y fuera del matrimonio, y la cuestión del aborto. Los dos primeros temas involucran esencialmente la moral, el tercero tiene además, repercusiones jurídicas a nivel constitucional.

Independientemente de nuestra posición al respecto, debemos señalar el carácter ineluctable del primer punto. Esto en razón de la mundanización de los medios de comunicación y del comercio, así como de la problemática demográfica nacional, lo cual conduce al gobierno a apoyar estas disposiciones de limitación de nacimientos.

Al respecto, lo importante es que a través de los métodos anticonceptivos, la mujer adquiere un total control sobre su sexualidad y su fecundidad, lo cual constituye una mutación extraordinaria en la historia de la humanidad.

Ese nuevo poder de decisión puede conducir a la mujer a adoptar nuevas actitudes con respecto a su vida sexual, reivindicando una libertad que antes sólo se podía permitir el hombre, independientemente de la moral.

Se encuentra ahí el centro del conflicto que antepone a hombres y mujeres, a liberales y moralistas.

Los hombres del noreste opinan diferentemente según su edad, su estado civil o su manera de pensar. Si bien los jóvenes solteros y “liberales” se quejan de la falsa liberación sexual de las norestenses, los padres de familia conservadores se inquietan al observar las actitudes provocadoras de “Madonna”, ídolo de los jóvenes de hoy.

Por nuestra parte, trataremos de dar la palabra a las principales involucradas, es decir, a las jóvenes, a quienes se les consagra un artículo.

En cuanto al problema del aborto, dada su posición marginal dentro de los cambios de la mujer norestense actual, lo dejaremos para una edición posterior.

Nuevas relaciones con su pareja

Como extensión de las dos formas anteriores de liberación aparece una tercera, es decir, la liberación social de la mujer.

Con la adquisición progresiva de una cierta independencia material y del poder de decidir sobre su sexualidad, la mujer alcanza los medios que le permiten exigir una cierta calidad de relación con la sociedad en general, y en particular con su familia y esposo.

Evidentemente el cambio es lento, pues el acceso a la independencia material de la mujer, así como a la aceptación de su sexualidad, se producen en un contexto conflictivo y lleno de obstáculos culturales. también es a veces doloroso, pues toca células sumamente delicadas de la organización social tradicional.

Aparece irremediablemente el problema del divorcio, fenómeno que si bien va más allá de la simple evolución de la condición femenína, la involucra en forma particular.

En el noreste, el aumento del número de divorcios es espectacular, la mayoría de los cuales son solicitados por la esposa. Nos preguntaremos entonces sobre los motivos que llevan a las mujeres a adoptar esa posición.

Otro fenómeno similar se refiere al aumento importante de la soltería femenina voluntaria, es decir, las mujeres que prefieren no casarse a hacerlo con alguien no conforme a sus espectativas. Una vez más, independencia económica y poder de decisión sobre su sexualidad entran en juego con esa actitud, la cual será tratada en un artículo.

Ambas actitudes manifiestan una clara voluntad de establecer un nuevo tipo de relación de poder en el seno de la familia. Una relación más igualitaria, donde derechos y obligaciones son compartidos, o en todo caso establecidos en forma conjunta.

Sin embargo, no todas las mujeres participan de esa cruzada, por lo que expondremos la opinión de aquellas que se oponen a manera de plantear el problema en su totalidad.

El paternalimo puesto en duda

esta evolución de la mujer aparece como un severo cuestionamiento a la estructura paternalista de nuestra organización social.

Desde ese punto de vista, la liberación social de la mujer se inscribe en un movimiento más amplio de reajuste de las relaciones de poder en la sociedad en general. Este vivió intensos momentos con la rebelión estudiantil de 1968, y ha continuado avanzando a partir de los movimientos participativos en la vida políticaa, en la empresa, o en la administración del medio ambiente (ecologismo).

En el caso particular de la condición femenina, su nueva actitud pone en duda mucho tutelajes establecidos. Su poder de decisión frente a la sexualidad es un reto contra la autoridad de los padres y de la iglesia. Su deseo de reequilibrar las relaciones dentro de la familia es un desafío a la autoridad material.

Esto explica la reacción hostil, en ocasiones hasta violenta de muchos representantes de estas instituciones: padres de familia, miembros de iglesia, esposos o futuros esposos, e instituciones asociadas a los valores tradicionales.

La marcha atrás

A este respecto, debemos recordar que paralelamente a los fenómenos de liberación de la mujer – particulares de los países occidentales avanzados-, existen movimientos totalmente opuestos. Se trata de sistemas de pensamiento filosóficos o religiosos que han conseguido imponerse en algunas naciones, exigiendo un regreso a los valores tradicionales más estrictos.

El caso más dramático es el del integrismo musulmán, victorioso en Irán, y parcialmente en Libia, Argelia, Tunez, Arabia Saudita y otras naciones del Oriente Medio.

Los tradicionalistas de estos países han conseguido la sumisión absoluta de la mujer. Se ha impuesto el porte de la vestimenta tradicional, en la cual sólo se pueden apreciar los ojos de la persona para evitar toda tentación sexual, y se han reestablecido los castigos tradicionales en caso de falta de respeto al hombre. En Irán, el adulterio femenino es penaliado con el apedreo público hasta la muerte.

Dichas actitudes pueden parecer excesivas para nuestra sensibilidad occidental, mas son representativas de los excesos a los que pueden llegar ciertas formas de tradicionalismo religioso.

En países occidentales, la España franquista manifestó una clara oposición a toda forma de liberación femenina, conociendo un cierto éxito gracias a medidas represivas. Mas al morir el dictador, la sociedad española se vio envuelta en un proceso de liberación vertiginosa. En otras palabras, la represión no fue capaz de cambiar el sentido de la historia.

Existe evidentemente la vía del convencimiento y del fortalecimiento de los valores tradicionales. Es quizá la más arraigada en nuestro medio. Sólo podemos indicar que sus efectos se ven limitados por la fuerte presencia de discursos contradictorios, principalmente dentro de los medios de comunicacións. Por otro lado, el alto costo de las escuelas privadas conservadoras -principales centros de transmisión de los valores tradicionales- limita su difusión a aquellos estratos sociales capaces de pagar colegiaturas elevadas para “tanto hijos como Dios les mande”.

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